sábado, abril 06, 2013
viernes, marzo 15, 2013
APOSTATAR
Prender el televisor, ver las páginas de inicio en Facebook y en todos lados lo mismo, su nombre, su nombre que uno lo escucha y cree que es un chiste, "Bergoglio es nombrado el nuevo PAPA" y no se puede creer, ¿o sí? no sería predecible de una institución que siempre fue cómplice de dictaduras, amiga de dictadores, misógina, homolesbotransfobica, racista, machista y patriarcal. ¿No será que Bergoglio si da la talla de lo que ellos son y fueron?, de toda la sangre que llevan encima en lo largo de todo el proceso histórico.
Lo primero que hice fue escribirle a mi madre, que por supuesto es súper católica, para preguntarle ¿qué pensaba?, qué pensaba del nuevo Papa cómplice de la última dictadura militar, si a ella como creyente ¿le parecía bien? si saldría como otrxs a festejar a las calles, con banderas argentinas revoleando por las plazas, igual me resultaba como muy predecible el tipo de personas que podía salir a festejar un hecho así, y resaltar los nacionalismos al extremo hasta el hartazgo. Nunca me contesto.
No pude, sin embargo dejar de pensar, ¿qué se hace ahora con la lucha? ¿Qué harán con los que luchan? Hoy más que nunca queremos Abortar, queremos aborto seguro legal y gratuito en los hospitales, pero con un Papa argentino y el Estado que sabiendo el papel que desempeño Bergoglio durante la última dictadura militar, decide mandarle sus "buenos augurios" ¿cómo hacemos?
Más que nuca queremos la separación Iglesia del Estado, queremos que la constitución dejé de sostener a la iglesia económicamente.
Más que nunca queremos borrar nuestros datos personales de los registros bautismales, queremos APOSTATAR
Más que nuca queremos NUNCA MÁS
Lo primero que hice fue escribirle a mi madre, que por supuesto es súper católica, para preguntarle ¿qué pensaba?, qué pensaba del nuevo Papa cómplice de la última dictadura militar, si a ella como creyente ¿le parecía bien? si saldría como otrxs a festejar a las calles, con banderas argentinas revoleando por las plazas, igual me resultaba como muy predecible el tipo de personas que podía salir a festejar un hecho así, y resaltar los nacionalismos al extremo hasta el hartazgo. Nunca me contesto.
No pude, sin embargo dejar de pensar, ¿qué se hace ahora con la lucha? ¿Qué harán con los que luchan? Hoy más que nunca queremos Abortar, queremos aborto seguro legal y gratuito en los hospitales, pero con un Papa argentino y el Estado que sabiendo el papel que desempeño Bergoglio durante la última dictadura militar, decide mandarle sus "buenos augurios" ¿cómo hacemos?
Más que nuca queremos la separación Iglesia del Estado, queremos que la constitución dejé de sostener a la iglesia económicamente.
Más que nunca queremos borrar nuestros datos personales de los registros bautismales, queremos APOSTATAR
Más que nuca queremos NUNCA MÁS
miércoles, febrero 20, 2013
Verano IV
Que cosa con la nariz, que fumo un montón e igual los olores me persiguen, lo más extraño
de reconocer olores en el estomago, que se me doblan las tripas al sentirlos, al recordarlos, son parias que me sacuden como si me levantaran con agua helada.
Cuando abrí la ventana hoy, la lluvia caía como si fuera a caerse el cielo y las personas estaban abrigadas, parecía invierno, abrí el ropero para sacar ropa limpia y casi se me cae la alcancía, con nombre de destino incluido, espero, ese destino sea real, estoy cansado de planear destino o cosas que nunca llegan a nada.
Es verdad esas cosas de planear, a veces es mejor no saber, yo hace mucho que ya no quiero saber, si ayer donde lloraba de alegría hoy paso y escupo esa vereda entonces la vida da tantas vueltas que, ¿para qué saber?, y sí sabes mejor ir precavido aunque tengo en este mismo momento otra de mis contradicciones, después voy a mi reviento, después voy a "que sea lo que sea".
Tengo esa sensación de querer moverme, esa sensación que me lleva, me impulsa y materializa, ganas de hacer cosas, lo mejor de cuando ideas algo en la cabeza y después lo podes palpar, después eso cobra forma, bueno eso me pasa cuando pienso en lo mandado que soy, de un día estar en este mismo momento donde escribo y escribí otras veces, en la cocina, con mi cenicero horrible, con los mates, con unas galletitas con dulces, solo con mis pensamientos y al otro ahogándome en ríos a cientos de kilómetros de aquí.
A veces siento reconocer cosas con mi nariz, no es que sea grande ni tenga poderes, pero pero sentir un olor y sentir pertenencia, sentir el pasado, transportarme inconscientemente a otros momentos, a otros lugares a otras circunstancias, se siente muchas veces muy bien, y otras veces se siente doloroso, melancolía. Hay olores que me vuelven vulnerable, como la verdad me vuelve vulnerable, me hace sentir desnudo, aunque me viene bien así dejaría de sentir pudor de mi cuerpo de una buena vez y forjarlo tal como es, sin embargo cuando me veo al espejo me doy cuenta de que nunca lo hago, mirarme.
A las personas nos gusta joder con esa cosa del "destino" del Maktub, de creer que las cosas son así por la naturaleza de que debería ser así y ya, en cuanto a el hecho de cómo suceden, no van a ver que hay un montón de circunstancias que llevan a eso, un motón de mecanismos que son construcciones sociales y que se quieren o muestran como si fuera así, natural. Natural ni una mierda, si en cuantas cuestiones me veo obstaculizado y no es algo natural, no es natural que mi identidad sea objeto de burla, no es natural que no consiga trabajo, que me deba preocupar sólo por determinadas cuestiones, que mis gustos deban ser cuales y que exista toda una industria para ello, sea legitimado o no por la sociedad, para consumir si es apto.
Me llama la atención de cuando no me puedo explicar cosas, cuando hay cosas que superan lo que olfatee con la nariz, lo que sea considerado como bien o mal, cuando supera las construcciones sociales, me llama la atención sentir pertenencia, sentirme como la pieza de un rompecabeza, encajar justo de la forma como si fuéramos piezas de algo. Es como una canción que escuchaste una vez y te retrae a otro momento.
de reconocer olores en el estomago, que se me doblan las tripas al sentirlos, al recordarlos, son parias que me sacuden como si me levantaran con agua helada.
Cuando abrí la ventana hoy, la lluvia caía como si fuera a caerse el cielo y las personas estaban abrigadas, parecía invierno, abrí el ropero para sacar ropa limpia y casi se me cae la alcancía, con nombre de destino incluido, espero, ese destino sea real, estoy cansado de planear destino o cosas que nunca llegan a nada.
Es verdad esas cosas de planear, a veces es mejor no saber, yo hace mucho que ya no quiero saber, si ayer donde lloraba de alegría hoy paso y escupo esa vereda entonces la vida da tantas vueltas que, ¿para qué saber?, y sí sabes mejor ir precavido aunque tengo en este mismo momento otra de mis contradicciones, después voy a mi reviento, después voy a "que sea lo que sea".
Tengo esa sensación de querer moverme, esa sensación que me lleva, me impulsa y materializa, ganas de hacer cosas, lo mejor de cuando ideas algo en la cabeza y después lo podes palpar, después eso cobra forma, bueno eso me pasa cuando pienso en lo mandado que soy, de un día estar en este mismo momento donde escribo y escribí otras veces, en la cocina, con mi cenicero horrible, con los mates, con unas galletitas con dulces, solo con mis pensamientos y al otro ahogándome en ríos a cientos de kilómetros de aquí.
A veces siento reconocer cosas con mi nariz, no es que sea grande ni tenga poderes, pero pero sentir un olor y sentir pertenencia, sentir el pasado, transportarme inconscientemente a otros momentos, a otros lugares a otras circunstancias, se siente muchas veces muy bien, y otras veces se siente doloroso, melancolía. Hay olores que me vuelven vulnerable, como la verdad me vuelve vulnerable, me hace sentir desnudo, aunque me viene bien así dejaría de sentir pudor de mi cuerpo de una buena vez y forjarlo tal como es, sin embargo cuando me veo al espejo me doy cuenta de que nunca lo hago, mirarme.
A las personas nos gusta joder con esa cosa del "destino" del Maktub, de creer que las cosas son así por la naturaleza de que debería ser así y ya, en cuanto a el hecho de cómo suceden, no van a ver que hay un montón de circunstancias que llevan a eso, un motón de mecanismos que son construcciones sociales y que se quieren o muestran como si fuera así, natural. Natural ni una mierda, si en cuantas cuestiones me veo obstaculizado y no es algo natural, no es natural que mi identidad sea objeto de burla, no es natural que no consiga trabajo, que me deba preocupar sólo por determinadas cuestiones, que mis gustos deban ser cuales y que exista toda una industria para ello, sea legitimado o no por la sociedad, para consumir si es apto.
Me llama la atención de cuando no me puedo explicar cosas, cuando hay cosas que superan lo que olfatee con la nariz, lo que sea considerado como bien o mal, cuando supera las construcciones sociales, me llama la atención sentir pertenencia, sentirme como la pieza de un rompecabeza, encajar justo de la forma como si fuéramos piezas de algo. Es como una canción que escuchaste una vez y te retrae a otro momento.
martes, febrero 19, 2013
Verano III
De los mates calientes con calor pase al frío del tereré, de las noches iluminadas y solitarias pase a las oscuras en compañía, de los días de espanto pase a las tarde de espera de la sonrisa, de lo tibio, confuso, pase a lo inseguro e inestable, fui tantas veces bipolar y una vez me case con un hipocondríaco.
Del sudor espeso de colchones sucios pase al plástico del sillón pegajoso que raspa en los bordes rotos, del grito resignado entre azulejos pase al pasto verde surrealista que te arrastra hasta un árbol con un gato colgando de sus gajos. Del déja vu al pasar por una esquina pase a la historia que lo confirma, de la desesperación aturdida del zumbido a la quietud que me consuela al compartir esas almohadas viejas.
De un amor moldeado hecho al azar y programado en lo cotidiano, reforzado por los años y apretado en la confianza pase al poliamor inconsciente, no planeado, que desborda en el ardor. De la soledad que asusta en el espejo pase al espejo empañado con tú cuerpo en el reflejo, pase a mi toalla húmeda, paso a tú camisa con mi olor.
Ahora siento que explotaría por volver a verte.
viernes, febrero 08, 2013
Verano II
Estoy en ese viernes con un pucho en la mano, sentado esperando en la entrada mientras el portero me mira sabiendo, estoy en ese viernes en esa plaza sin estatua en el medio, tomando una birra, comiendo helado, mirando los autos pasar, deseando.
Estoy en ese viernes atrás de un puesto de diarios, saltando una muralla, estoy en ese viernes volviendo a dormirme solo pero feliz de que mañana será viernes de nuevo.
Estoy en ese viernes atrás de un puesto de diarios, saltando una muralla, estoy en ese viernes volviendo a dormirme solo pero feliz de que mañana será viernes de nuevo.
sábado, enero 26, 2013
Viuda IV
"Que pena, que pena me he cansado de esperarte, por esperar pague una condena yo te condenaré a recordarme"
Dicen que corrientes tiene paye, ni bien sus pies tocaron esas tierras se sintió atraída por todo ese color, esa manera de hablar, esa tonada, la quietud, la calma, eso que nunca había conocido, pero Clara se encontraba en un pueblo como a cincuenta kilómetros de ella, y sabía que no se podía detener allí. Con la mochila a cuestas camino por toda la costanera hasta llegar a la avenida Tres de abril, donde se propuso hacer dedo.
Empedrado era un escándalo, todos se preparaban para la noche de San Baltasar y Clara sentía en sus tripas el repique de los tambores que se aproximaban. Como cada 6 de enero, día de los "Santos reyes", los mulatos, mestizos y toda la comunidad afromestiza o lo que queda de ella, veneran en su día a Baltasar, y los chamamés candombes retumban al son de los cuerpos que bailan sin parar, bailan desde los tiempos de la antigua Cofradía, de cuando los cristianos los perseguían por adorar un santo pagano, uno que no estaba canonizado, que era negro. Clara era una promesera, y esa noche debía bailar con los demás la zemba, debía bailar hasta que le salgan callos. Había pedido al Santo Kambá que la aleje del Árabe, y ella a cambio se quedaría toda la vida en Empedrado.
Cuando llego al lugar, se sorprendió ver tanta gente veraneando allí, tantas sombrillas, ella se imaginaba el lugar desierto. Caminando entre la linea que separa al agua de la arena venía Clara, con su bandeja en la cabeza, bronceada al mango, llena de trapos y tarareando una cumbia. Cuando por fin pudo verla de cerca su corazón estallaba de emoción, al correr fuerte la choco y tiraron toda la bandeja.
-" Así te pareces a la foto de La Eira"-
-"Sí, era mi abuela, y vos tan blanca como siempre"-
Clara se limpiaba la arena mojada, mientras pensaba como explicaba a su amiga todo lo que venía esa noche, sabía del rechazo que le tenía a todo eso, sabía que ella estaba vacía y no creía en nada, o que no le interesaba creer, pero Clara necesitaba creer en algo, creer que alguien la salvaría.
Llegaron a la casa, el sol ya no pegaba tan fuerte, pero parecían deshidratadas del calor, Clara puso en su celular una canción y empezó a bailar, mientras cantaba(para eso si le andaba el celular). No entendía mucho, mientras acomodaba sus ropas se limitaba a verla bailar, la deseaba en silencio, era tan hermosa cuando bailaba, la tomo del brazo y bailaron juntas, aunque no tenía ni idea de la coreografía, parecía que algo la llevaba. Estaban felices.
Entrada la noche el cuero de los tambores se hacía escuchar, ya lo había decidido, no le diría nada de la ceremonia, dejaría que ella sola se entere, no encontraba la forma de explicarle, además no quería hablar del pasado. No quería pensar en ello, sólo quería con los tambores poder olvidar, como cuando bailaban en las ferias del centro de Posadas, o como esa noche que se conocieron en la fiesta de Brenda.
Clara estaba hermosa, la piel dorada, con esas trenzas que le pasaban la cintura, con un vestido floreado que llegaba a las rodillas, y tenía un tajo en la pierna izquierda. Se colocó su perfume favorito de hombre, aunque no lo admitía era el perfume que usaba el Árabe, y cuando llegaron al altar el perfume de las flores era opaco al lado del de ella. Estaban poseídas por el acordeón, temía por las preguntas de su amiga, pero la otra estaba perpleja al ver las guitarras criollas y los cantos que invocaban los negros, cantos más antiguos que las migraciones de la familia de Clara. No pregunto nada.
Lo que sus ojos observaban era increíble, era una fiesta alegre, plagada de tambores, todos bailaban el candombe, y el ritual ya había empezado pero ella solo podía mirar a Clara confundirse entre la gente y moverse como una víbora hipnotizada por una flauta. Un negro fornido, esculpido como esas estatuas griegas tomo a Clara del brazo y empezaron a valsear, era como si hicieran el amor, era la forma en que demostraban su devoción a Baltasar.
La capilla parecía prendida fuego cuando el silencio la cubrió y del fondo los tambores empezaron a surgir como si tuvieran un eco que daba cosquillas al oído, estaban todos poseídos, una gorda mulata salió de la capilla con el cariz sagrado en sus manos, y lo levantaba bien a lo alto a medida que el sonido de los tambores aumentaba, tomaron a Clara con el negro y los pusieron en frente, eran los nuevos reyes de la procesión. Para ello los desnudaron y cambiaron, la vestimenta era una túnica roja, una capa amarilla, y la corona. Clara estaba incomoda pero siguió el ritual, ahora debía quedarse quieta mientras todos bailaban, recibía ofrendas, era tratada como una diosa.
Sentía en su pecho una mezcla de horror y emoción mientras observaba todo ese repertorio carnavalesco, mientras veía a Clara ser arrastrada hasta el altar y adorada, cuando una voz le susurró al oído -"Mi nombre es Jaro, ¿y el tuyo?"-, -"Mi nombre es Eira"- Le dijo, mintiendo.
viernes, enero 25, 2013
Viuda III
"Migrar, migrar de la migraña, como en la migración que hacen las golondrinas que tiene años de años de ruta marcada, encajada, la golondrina tiene en su memoria la ruta de su destino desde antes de nacer"
Esa tarde la terminal explotaba, de calor y de gente, no tenía donde sentarse y el sol la aplastaba contra el piso. El micro llevaba media hora de retraso, como era de esperar Clara no le escribió ni llamo, típico de lo despistada que es, y ni hablar de lo "pichada".
Desde hacía tiempo le tentaba la idea de escapar, de cambiar de vida, siempre eso lo tiraba para adelante, eso siempre le pasaba a los demás, "cambiar" esa vida de mierda no era para ella, pero ese verano
todo pesaba más y sin más agarro el bolso y lo lleno de ropa.
La paraguaya estaba viviendo en las barrancas escarpadas del río Paraná, en ese pueblo añejo que ella sólo conocía por nombre, "Empedrado". Fue allí también escapando y como estaba podrida de los ruidos de las grandes urbes, se decidió por esas playitas, donde le gustaba vender la chipá embocá que su abuela candombera le enseño a cocinar desde que era pequeña.
Clara nunca estuvo tan feliz como en esos vientos, como en esas nubes que se posaban después de un chaparrón. Le gustaba tomar unos mates bien temprano mientras cocinaba para salir a vender, sabía que su amiga podía aparecer en cualquier momento, hacía muchos meses le había dicho que la vida no pasaba sólo por ese mugriento barrio, el Parma, que tanto detestaban, de donde comían las sobras de las cristianas que las hacían mendigar, y donde escapaban a la peluquería del Miguel, o las fiestas en lo de Brenda.
Nemecio Parma había sido el lugar donde terminaron los ancestros de Clara, al oeste de Posadas, que antes habían terminado en Corrientes, y antes de antes habían terminado escapando de la guerra de La Triple Alianza, ¿y antes?. Para olvidar lo horrible del Parma, la paraguaya cocinaba, se ponía unas cumbias de "La Delio Valdez" y bailaba El Pescador, o Soledad, amaba a la negra Sarabia, a quién había escuchado cantar en uno de sus viajes con el Arabe, de cuando el la llevaba a La Plata. Ella era feliz en su humilde casa en las barrancas, la casa de la Eira, su difunta abuela.
Para el Chipá embocá tomaba del gallinero dos huevos, de los más nuevos, y sobre la mesa ya tenía preparada la harina de mandioca, la sal, la manteca, el queso y la leche. Entre cada melodía rallaba el sardo, y lo tiraba dentro de un bol, con una cuchara rompía los huevos que mezclaba con manteca, con la harina y con la sal. Le quedaba una mezcla bien granulosa como le había enseñado la vieja guaraní, la vieja correntina que la cagaba a palos sino comía toda la cena. Bueno, una vez que tenía hecho eso, la amasaba y dejaba reposar por veinte minutos, después cortaba la masa en porciones y la envolvía en papel de aluminio sobre una bandeja enmantecada, y después al horno hasta que tomaba un color dorado.
Para las tres de la tarde Clara se confundía entre los rayos del sol y la arena caliente de las costas del Paraná, con su bandeja y sus trapos, al son de los tambores, al son de las cumbiasas de la Delio, y de Binomio de Oro. Era muy feliz, pero con todas sus fuerzas rogaba que su amiga venga, y volver a escapar con ella, como siempre.Pensó en escribirle un mensaje de texto pero la clientela esperaba ferviente su chipá embocá.
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